10 jul 2009

TECNOLOGÍA PARA EL DESARROLLO ENERGÉTICO

Los nuevos planes y programas para el desarrollo del país, recientemente anunciados en público, detallan la importancia del sector de energía para la procuración de un desarrollo económico nacional equitativo, balanceado, dinámico, estratégico y sustentable. Las metas son sumamente ambiciosas: se trata de que el sistema nacional de investigación y desarrollo crezca por un factor de aproximadamente tres, o sea, en un doscientos por ciento, lo cual implica que debe triplicarse la infraestructura tecnológica y científica del país, con un apoyo primordial de las empresas.

Entre los actores más destacados del desarrollo están las empresas privadas, que deben crecer a un ritmo mucho mayor, particularmente porque actualmente ocupan una fracción demasiado pequeña de la actividad nacional. Esto recuerda la relativa fortaleza que tuvo México en empresas privadas de ingeniería, hace unos veinte años, que necesitamos ahora más que nunca, pero no es una situación que pueda remediar, por sí mismo, el Gobierno Federal, por un lado, porque no tiene los talentos ni las capacidades para hacerlo (ni quiere ni debe tenerlos) y porque también carecen de los recursos pertinentes. Aún en el presente marco legal, sin la modernización pretendida del sector de la energía, la razón primordial por la cual los desarrollos de infraestructura no se dan, es más bien falta de iniciativas, creatividad e ideas originales en lo técnico y en lo financiero, más que cualquier otro factor.

Toca a los ingenieros mexicanos participar en la urgente discusión de cómo debe participar cada uno de los actores del desarrollo en la nueva economía nacional, y definir con urgencia el papel que deben asumir las organizaciones gremiales y profesionales, en los aspectos relativos a la ingeniería, así como los pertinentes a la administración pública y privada, y desde luego, de financiamiento. Habrá que entender que el componente privado no necesariamente será de origen nacional, y sus fines no son idénticos con los fines que persigue el Estado, lo cual no debe presentar obstáculos insalvables, como lo demuestran varias economías más dinámicas que la mexicana.

Debe enfatizarse en la necesidad de proyectos específicos. Mientras no se definan y sean aceptados por los sectores sociales pertinentes, no tendrá sentido la instauración de medidas de control ni de rendición de cuentas.

Más allá de los planes y programas anunciados, el legislador, el administrador público, el inversionista, y el ciudadano común están impedidos de avanzar en tanto no tengan proyectos específicos qué analizar, sobre los cuales opinar, cuyos costos enfrentar, cuya pertinencia social cuestionar.

Este es un momento crucial para la ingeniería mexicana. El reto que se presenta, que desafía la creatividad y la habilidad para convertir las carencias en oportunidades, está apropiadamente alineada con las capacidades, experiencias, actividades y expectativas de los ingenieros.

Los ingenieros fallamos en encontrarle la salida a la transición tecnológica del país, habremos desperdiciado una oportunidad que no conocemos, por lo menos, desde hace sesenta años. Ahora, pasar el discurso a los proyectos es el reto intelectual más poderoso que enfrenta la profesión.


Texto del Dr. José Luis Fernández Zayas

TecnoDesEnerg/jlf/23-08-01

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